respuestas intermitentes
Wednesday, March 08, 2006
Sunday, January 22, 2006
La soledad electrónica
En la época de las sociedades de consumo y hedonistas, un nuevo fenómeno cultural ha aparecido en forma de hipertexto: los blogs.
Las juventudes digitales de nuestros días plasman sus inquietudes y reflexiones acerca de su cotidiano, para hacerlo del dominio público publicándolo a esa invisible comunidad bloggera.
En el siglo de las desigualdades y las paradojas comunicacionales, el blog aparece como una señal de las profundas transformaciones por los que atraviesa el mundo contemporáneo.
Sin olvidar lo que representan los blogs para la prensa del siglo XXI, así como para ciencia y a las artes, la blogosfera, ese espacio gigantesco e invisible que se extiende alrededor de todo el planeta, se encuentra invadida por bloggeros que han decido hacer de ella una bitácora personal, íntima y a la vez voyourista.
Contra lo que se vaticinaba que la computadora se acabarían los lectores, el micropublishing en Japón, literatura por entregas vía celular, es una industria que ha llegado a vender dos millones de publicaciones virtuales; así como los blogs, esta especie de bitácora personal, está provocando que las generaciones de la internet dediquen algunas horas para sentarse a escribir ante el ordenador y narrar lo que sucede en su entorno.
Aunque esto no es garantía de que sean entes más cultos o conscientes, pero sí da cuenta del regreso a la escritura y lo interesante son los contenidos de estos.
Insospechable
Ninguna madre sospecharía que el angelito regordete y rosado al que amamantaron se convertiría en el monstruo nalgón que hoy la juzga.
(www.polvorita.blogspot.com)
Pero, a la vez, resulta un fenómeno que muestra el aislamiento y la incomunicación verbal en la que están cayendo las generaciones internaúticas.
Y, aunque los bloggeros, al igual que cualquier temido terrorista, parecen invisibles, pueden ser cualquier escurridizo y enclenque jovenzuelo que ahora atraviesa la calle y bajo su sudadera puede traer una bomba casera o una laptop; un ser anónimo en una ciudad de miles de millones de habitantes.
Los blogs representan un par esas paradojas de nuestro mundo actual, donde la comunicación entró a un terreno virtual y la tecnología está al servicio de una clase social determinada.
“Los blogs, wikis, y foros que recién han surgido tanto se demuestran que ahora cada individuo en el mundo es capaz de publicar su perspectiva a una audiencia mundial. Sin embargo, los recursos necesarios - computadora, conexión a la red, capacidad de leer y escribir, y una introducción a lo que es blogging - no se alcanzan ni un décimo del mundo”, menciona una nota del 20 de diciembre del 2005 en la página electrónica del diario argentino El Clarín,
Así, las diferencias económicas entre los países en la era postindustrial, es valuada por el conocimiento tecnológico de sus sociedades, creando así “una dualización bipolar en términos de conocimiento y de capacidad de acceso a la información, que divide a la sociedad en inforicos e infopobres”, comenta el catalán Román Gubern, en su reciente libro “El Eros electrónico”,uno de los comunicólogos más importantes en la actualidad del mundo hispanoamericano.
En América Latina es muy claro que los blogs son creados por una clase ilustrada con cierto poder económico y que la mayoría de ellos se concentran en las grandes ciudades.
Los poetas de hoy
Los poetas de hoy ya no hablan del crepúsculo o de las flores porque ya nadie los recuerda, en cambio eligen temas como los clasemedieros que compran bolsas de imitación o del verde tan verde de los vagones del metro.
(www.polvorita.blogspot.com)
Sin embargo, la interconectividad de la internet ha logrado que un individuo sólo necesite un equipo de cómputo con conexión al hiperespacio, para ingresar al club de los“inforicos”, en el que sus integrantes se encuentran en los lugares más recónditos del planeta.
En lguno de estos sitios, en la selva amazónica, la sierra chihuahuense, el desierto peruano, o la misma capital chilanga, algún adolescente o joven tiene un blog personal.
Este tipo de diario virtual, que millones de internautas crean y leen a diario en todo el mundo, el autor tiene completamente el control de lo que dejará ver acerca de su personalidad y cómo quiere que se le conozca.
Así, el blog es una huella indeleble de las generaciones acostumbradas al escarnio público televisado; de los mercados especuladores que inventan realidades; donde la esfera de lo privado cotiza a altos precios en el éxitoso mercado de la noticia rosa y roja.
Florecita de asfalto
Soy una florecita de asfalto, tan natural como la ciudad misma.
Soy pastora de un rebaño de moscas, ven, toca mis pétalos plásticos y aspira el monóxido de carbono que me perfuma.
algunos me llaman niña y otros angel pero en verdad soy un pollo que corre crudo en el campo
(polvorita.blogspot.com)
La herencia del siglo XX fue el desarrollo de las comunicaciones.
Y, al parecer, el sueño opíaceo de nuestro tiempo, es la realidad virtual: “pensar, sentir, comunicarse”, en un mundo que escurre por delgados y finas fibras ópticas, sin fronteras, ni tiempo-espacio, que delímite cualquier posibilidad de teletransportarse.
“La época actual será tal vez, por encima de todo, la época del espacio. Estamos en la época de la simultaneidad; estamos en la época de la yuxtaposición, la época de lo cercano y lo lejano, de lo próximo, de lo disperso. Estamos en un momento, creo, en que nuestra experiencia del mundo es mucho menos la de una larga vida que se desarrolla a través del tiempo, sino la de una red que conecta puntos e intersecta con su propia piel. Se podría tal vez decir que algunos de los conflictos ideológicos que alimentan la polémica actual se contraponen a los piadosos descendientes del tiempo y a los determinados habitantes del espacio” vaticina Michel Foucault.
Así, con claros símiles con la novela futurista “El mundo feliz” de Alodux Huxley, el blog es uno más de los productos de regalo en las ofertas del día en el supermercado de la información, que sirve de alguna manera para cauterizar el sentimiento de asfixia social, incertidumbre y vacío, de las clases sociales inforicas y letradas de América Latina, y del resto de la tierra, donde los corporativos están homogenizando a las sociedades imponiéndoles modas, figuras públicas, tecnología y normas sociales.
Diarios íntimos y relaciones epistolares propias del siglo XIX, que los mass-media de la centuria XXI han decido crear para ingresar a una sociedad bloggera nómada, invisible y fugaz, como los mismos blogs y la era que los vió nacer, donde plasman la incertidumbre que le produce una historia fragmentada, un futuro oscuro y una hostilidad humana cada vez mayor.
la tristeza anda suelta
Se me soltó la tristeza y mordió a varios, la perseguí hasta amarrarla pero se enfureció tanto que todavía suelta patadas a quien se le acerca.
“Hasta los años ’50, e incluso hasta los ’60, el mundo ofrecía opciones, modelos y contramodelos. En política, la dicotomía era el Occidente democrático y el comunismo. Pero ahora vivimos en un mundo en el que han caído los contramodelos, y los sistemas tienden a ser cada vez más abiertos, con mayor libertad y movilidad. No sé si es bueno o malo, pero sí que implica una falta absoluta de estabilidad y que eso produce ansiedad en las personas. Porque el quiebre de grandes proyectos políticos y el fracaso de ideales revolucionarios, llevaron al nacimiento de un nuevo tipo de sociedad individualista, centrada en la vida presente, una sociedad que privilegia el consumo y el hedonismo”, sentencia Gilles Lipuvesky en una reciente entrevista realizada por un diario español.
Las nuevas y dinámicas formas de comunicación en el siglo de los ordenadores, así como la individualización extrema y a la carta, pero sobre todo la fractura de la tradición oral y la comunicación gestual, está provocando que el ser humano tenga problemas de adaptación social con su entorno.
Ante esto, el internet está siendo un sucédaneo en donde, las sociedades del conocimiento están socializando, creando personalidades carismáticas, triunfadoras, inteligentes y seductoras; haciendo amistades, teniendo apasionados intercambios virtuales de afecto, pero en un mundo de archivos, programaciones y pequeños pixeles que le dan volumen a ese espacio infinito llamado red de redes.
“Me llegué a sentir muy importante porque todo el mundo me conocía en la blogosfera, pero cuando me dí cuenta que era un perfecto desconocido en mi barrio me deprimí mucho; fuera de la red no eres nadie”, declara uno de los jóvenes bloggeros de la ciudad de Belém Du Pará en Brasil, en el documental “Extraños placeres cotidianos”, el primer documento fílmico que existe acerca del tema.
El hombre contemporáneo encuentra en el blog el medio donde exponer su ideario existencial cada vez menos importante para los demás, por el riesgo de ser señalado de loco por una sociedad hedonista, preocupada por las formas y las apariencias sociales.
Esta paradoja aparece en los blogs, donde la comunicación abre brechas de incomunicación.
Al fenómeno hay que agregar esa idea de ubicuidad que producen estos tiempos líquidos en los que vivimos, causantes de que el hombre, sin tener de por medio alguna creencia filósofica o decálogo religioso, pueda concebirse como inmaterial.
En la actualidad el “inforico” es capaz de teletransportarse a la mente de otro ser vivo y anidar ahí hasta convertirse en un huésped más de la memoria de otro sin nunca haber entrado en contacto directo fisíco alguno.
Numerosos casos de matrimonios por internet, parejas en puntos distantes que un día se conocen en el chat y terminan uniendo sus vidas, dan prueba de esta inmaterialidad a la que nos aproximamos.
Hoy somos beats, pixeles, 0 y 1´s, zateando en el hiper espacio, recorriendo miles y miles de kilómetros, sin movernos un sólo milímetro de donde tecleas la vana idea de quién es uno.
Pero también, de alguna manera, al acercarnos tanto a nosotros nos aleja de los demás.
Del espacio físico tan disputado en la globalidad, donde cada vez es más dificil confiar en otro, respetarlo o pensar en el otro, el hombre del futuro, de cuerpo ligero y formas abstractas, junto con las sociedades digitalizada, se encuentra en una profunda transición donde parece que en su evolución es la amputación de los sentidos naturales, para colocar en su lugar protésis tecnológicas, extensiones mecánicas, que produzcan sensaciones artificiales de placer, identidad y libertad, que el ecosistema social no es capaz de generar.
Los blogs, de alguna manera, muestran que la tecnologia necesita de la interactividad y del mundo de las emociones; de ahí porqué existan tantos bloggeros.
Pero para Román Gubern, estos fenómenos revelan, “sin asomo de duda”,que exisrte un déficit emocional masivo en la sociedad postindustrial e informatizada, y que esta carencia intenta paliarse artificialmente con textos, imágenes y sensaciones inventadas que tratan de reemplazar la vida por una pseudovida consoladora”·.
Y agrega, en la parte final del “Eros electrónico”.
“De nuevo la flor natural ha sido sustituida por la flor de plástico, mientras la algarabía mediática trata inutilmente de mitigar la soledad electrónica de sus ciudadanos. Pues la mayor parte de las cosas pasan dentro de las cabezas de la gente, en vez de pasar en el mundo real.
Paradójicamente, la era de la comunicación se ha revelado finalmente como la "era de la soledad”.
Wednesday, January 11, 2006
La inmaterialidad de nuestros dias
Confieso que el mismo ánimo recorre a mi ser.
Espero con ansia que en este espacio etéreo aparezcan algunas líneas tecleadas en alguna parte, las cuales muestran que existes y que estás letras al fin pueden tener un sentido.
Al igual que tú me pregunto, ¿de dónde viene ese deseo?, ¿porqué alguien que no conozco provoca en mí ese entusiasmo por abrir esta página y encontrar que existo porque alguien responde a lo que pulso?
En la era de las paradojas, donde la comunicación abre brechas de incomunicación, parece que estas anómalas formas de sentir han aparecido para siempre; pensar que alguien le importas a pesar de no conocerse, ni tan siquiera verse, puede ser un buen ejemplo.
Es sin duda esta idea de ubicuidad y de los tiempos líquidos, que se escurren por cables de fibra de vidrio, causante de que, por primera vez el hombre, sin tener de por medio alguna creencia filósofica o decálogo religioso, se autoconcibe como un ser espíritual, inmaterial, con cierta esencia, la cual se manifiesta en emociones que despiertan más de un sentido.
Y, a pesar de vivir una época avasallada de imágenes, parece que el hombre se desdobla en percepciones sin formas físicas y es capaz de teletransportarse a la mente de otro ser vivo y, ahí ,anidar hasta convertirse en un huésped más de la memoria de otro sin nunca haber entrado en contacto directo.
No sé si con sorpresa o aterrados, descubrimos que no sólo estamos construidos de piel y células unidas por miles de aliaciones químicas, sino estamos entrando a la era de entendemos -tal vez- sólo somos el recuerdo, el eco, la imagen, de alguien que existe en otro punto del universo y que nos piensa, y es así como existimos.
Pero esta comunicación virtual nos provoca más preguntas.
El subirme al subterráneo y ver miles de seres a los cuales, a pesar de entrar en contacto visual, no existen, desaparecen de la esfera de mí consciente al llegar a la estación, al cerrar los ojos, o simplemente al no observarlos.
Sin embargo, cuando lees no sucede lo mismo.
El hombre se aproxima a su desmaterialización conceptual.
Hoy somos beats, pixeles, 0 y 1´s, zateando en la blogosfera, recorriendo miles y miles de kilómetros, sin movernos un sólo milímetro de donde tecleas esa vana idea de lo que es uno.
Pero también, de alguna manera, nos alejamos no sólo de nosotros, sino cada vez es más dificil confiar en otro, respetarlo o pensar en el.
Así, hombres del futuro, de cuerpos ligeros y formas abstractas, nos acercamos a la adhesión completa al infinito universo de la nada, corriendo el peligro que en algún momento ya nadie nos recuerde. (MediaWorker)
Espero con ansia que en este espacio etéreo aparezcan algunas líneas tecleadas en alguna parte, las cuales muestran que existes y que estás letras al fin pueden tener un sentido.
Al igual que tú me pregunto, ¿de dónde viene ese deseo?, ¿porqué alguien que no conozco provoca en mí ese entusiasmo por abrir esta página y encontrar que existo porque alguien responde a lo que pulso?
En la era de las paradojas, donde la comunicación abre brechas de incomunicación, parece que estas anómalas formas de sentir han aparecido para siempre; pensar que alguien le importas a pesar de no conocerse, ni tan siquiera verse, puede ser un buen ejemplo.
Es sin duda esta idea de ubicuidad y de los tiempos líquidos, que se escurren por cables de fibra de vidrio, causante de que, por primera vez el hombre, sin tener de por medio alguna creencia filósofica o decálogo religioso, se autoconcibe como un ser espíritual, inmaterial, con cierta esencia, la cual se manifiesta en emociones que despiertan más de un sentido.
Y, a pesar de vivir una época avasallada de imágenes, parece que el hombre se desdobla en percepciones sin formas físicas y es capaz de teletransportarse a la mente de otro ser vivo y, ahí ,anidar hasta convertirse en un huésped más de la memoria de otro sin nunca haber entrado en contacto directo.
No sé si con sorpresa o aterrados, descubrimos que no sólo estamos construidos de piel y células unidas por miles de aliaciones químicas, sino estamos entrando a la era de entendemos -tal vez- sólo somos el recuerdo, el eco, la imagen, de alguien que existe en otro punto del universo y que nos piensa, y es así como existimos.
Pero esta comunicación virtual nos provoca más preguntas.
El subirme al subterráneo y ver miles de seres a los cuales, a pesar de entrar en contacto visual, no existen, desaparecen de la esfera de mí consciente al llegar a la estación, al cerrar los ojos, o simplemente al no observarlos.
Sin embargo, cuando lees no sucede lo mismo.
El hombre se aproxima a su desmaterialización conceptual.
Hoy somos beats, pixeles, 0 y 1´s, zateando en la blogosfera, recorriendo miles y miles de kilómetros, sin movernos un sólo milímetro de donde tecleas esa vana idea de lo que es uno.
Pero también, de alguna manera, nos alejamos no sólo de nosotros, sino cada vez es más dificil confiar en otro, respetarlo o pensar en el.
Así, hombres del futuro, de cuerpos ligeros y formas abstractas, nos acercamos a la adhesión completa al infinito universo de la nada, corriendo el peligro que en algún momento ya nadie nos recuerde. (MediaWorker)
La espiral de las palabras
Lita?, alguien de esta esfera terrestre me dijo que llevaba por nombre Lita, y me pareció su nombre un buen pretexto para escribir e imaginar mil cosas, como cuando te dicen cielo, universo; uno tiende a imaginar la inmensidad de la oscuridad, la ignota tierra de lo oculto, el tenúe sentimiento que te producen sus colores, o el comfort que da el saber que existe, que se encuentra justo arriba de uno, tan cerca y tan lejos.
Lita puede ser una noche de estrellas, de esas que observas e intentas alcanzar con las manos.
Salto, brinco, subo por las escaleras, busco el edificio más alto para bajar una de ellas, para saber si su luz se puede apagar en mis manos o si acaso las estrellas son globos que si los sueltas de nuevo se elevan hacia el infinito.
Ahora trato de pensar cuál de esas podrías ser Lita, a qué dimensión pertenece y si las palabras podrían llegar alguna vez a ese espacio sideral.
Cada vez que pulso una de las teclas imagino quien las podría estar leyendo, de qué manera la percibe, pero sobre todo me seduce el saber que por minutos la mirada de algún cibernaúta su mirada avanza lentamente sobre cada una de estas letras, y es tan fuerte ese poder, que puedo estar escribiendo cosas sin sentido y su mirada sigue aquí, reposando sobre estos diminutos pixeles que parecen decir algo muy profundo cuando sólo quiero atraer la atención aunque no escriba nada sustancial.
Qué quién soy y demás, es lo menos importante; la idea anónima de un tipo que escribe a un destinario ubicúo y anónimo, que puede lograr comunicarse a pesar de que sus formas físicas no existen, puede ser lo más reconfortante que dá este espacio virtual.
Además, en el fondo, uno no es más que un espacio vacio, que ocupa un lugar en él, pero indefinido porque todo se mueve y se crea una y otra vez.
Lo cierto es que existo, o al menos cuando escribo eso percibo, que hay alguien detrás de este media worker en el que estoy convertido desde hace un par de años, construyendo y destruyendo realidades, como una especie del Dios Shiva que en de su cuerpo salen mundos y también se destruyen.
El escribir siempre me adentra en una dimensión ulterior, en el cual siento me sumerjo y floto sobre ella.
No deseo impresionar a nadie, o mostrar algo demás, simple y llanamente, como alguna vez me dijo un escritor, "si de verdad aprendímos a escribir, todo el mundo lo debería hacer, sin pretensiones estéticas, simplemente por ejercitar lo aprendido".
Pero el escribir es como tener en tus manos una delgada rama con la cual creas formas sobre la arena que se extiende por kilómetros sobre la playa, que muestra que algo existe, que alguien está observando y contemplando esa belleza que algún Dios amoroso creo para estas criaturas parlantes.
Por momentos puede ser cansado, pero ahora es placentero, lúdico y hasta catártico...
Escribir lo que uno quiere, ya no sé si lo que uno piensa; es tan difícil capturar en palabras lo que pasa por esas miles de neuronas a cada instante.
Uno está imposibilitado para hacerlo, tan sólo creo que escribimos ecos, recuerdos, de lo que alguna vez paso por esos neurotransmisores y que ahora es imposible aprehenderlos, con las palabras y un alfabeto que no supera las 27 letras.
Lo que es cierto es que éstas, las palabras, como las estrellas, son las que dan una idea de lo vasto del universo mismo, aunque estés conciente de que no son más que una pequeña muestra de su inmensidad.
Ahora, escribir es placentero; por momentos siento que es como si metiera mis pies en las cálidas aguas del Pacífico en el amanecer, cuando las olas son tibias y tersas, y en el fondo una gran esfera roja parece que emerge del fondo de él.
Qué más placer que eso!, mientras en tus orejas un par de auriculares despliegan una música que deconstruye el espacio, que rompe el ritmo, y te convierte en una barca que se arroja a las salvajes aguas sin más destino que el ocaso.
Lo cierto que no hay estimulante más adictivo que la música para desplegar las alas y escalar los cielos, es como un aditivo que impulsa un motor psiconeuronal que comienza a rugir y a dar muestras de que quiere despegar.
Por lo demás, qué puede importar? Mi nombre, mi edad, mi forma física, para qué sirven esos datos sino sólo para confundir, engañar y dar la idea de lo que uno no es.
Dentro, en lo profundo, las palabras son despojadas de su significado y sólo quedan como destellos en la oscuridad que te dan la idea de la profundidad en la que se encuentra nuestra alma.
Aquí-ahora, resbalando por esa espiral espaciotemporal que me lleva a ninguna parte para mostrar que la importancia de la vida no está en el destino sino experimentar el trayecto. (Media worker)
Lita puede ser una noche de estrellas, de esas que observas e intentas alcanzar con las manos.
Salto, brinco, subo por las escaleras, busco el edificio más alto para bajar una de ellas, para saber si su luz se puede apagar en mis manos o si acaso las estrellas son globos que si los sueltas de nuevo se elevan hacia el infinito.
Ahora trato de pensar cuál de esas podrías ser Lita, a qué dimensión pertenece y si las palabras podrían llegar alguna vez a ese espacio sideral.
Cada vez que pulso una de las teclas imagino quien las podría estar leyendo, de qué manera la percibe, pero sobre todo me seduce el saber que por minutos la mirada de algún cibernaúta su mirada avanza lentamente sobre cada una de estas letras, y es tan fuerte ese poder, que puedo estar escribiendo cosas sin sentido y su mirada sigue aquí, reposando sobre estos diminutos pixeles que parecen decir algo muy profundo cuando sólo quiero atraer la atención aunque no escriba nada sustancial.
Qué quién soy y demás, es lo menos importante; la idea anónima de un tipo que escribe a un destinario ubicúo y anónimo, que puede lograr comunicarse a pesar de que sus formas físicas no existen, puede ser lo más reconfortante que dá este espacio virtual.
Además, en el fondo, uno no es más que un espacio vacio, que ocupa un lugar en él, pero indefinido porque todo se mueve y se crea una y otra vez.
Lo cierto es que existo, o al menos cuando escribo eso percibo, que hay alguien detrás de este media worker en el que estoy convertido desde hace un par de años, construyendo y destruyendo realidades, como una especie del Dios Shiva que en de su cuerpo salen mundos y también se destruyen.
El escribir siempre me adentra en una dimensión ulterior, en el cual siento me sumerjo y floto sobre ella.
No deseo impresionar a nadie, o mostrar algo demás, simple y llanamente, como alguna vez me dijo un escritor, "si de verdad aprendímos a escribir, todo el mundo lo debería hacer, sin pretensiones estéticas, simplemente por ejercitar lo aprendido".
Pero el escribir es como tener en tus manos una delgada rama con la cual creas formas sobre la arena que se extiende por kilómetros sobre la playa, que muestra que algo existe, que alguien está observando y contemplando esa belleza que algún Dios amoroso creo para estas criaturas parlantes.
Por momentos puede ser cansado, pero ahora es placentero, lúdico y hasta catártico...
Escribir lo que uno quiere, ya no sé si lo que uno piensa; es tan difícil capturar en palabras lo que pasa por esas miles de neuronas a cada instante.
Uno está imposibilitado para hacerlo, tan sólo creo que escribimos ecos, recuerdos, de lo que alguna vez paso por esos neurotransmisores y que ahora es imposible aprehenderlos, con las palabras y un alfabeto que no supera las 27 letras.
Lo que es cierto es que éstas, las palabras, como las estrellas, son las que dan una idea de lo vasto del universo mismo, aunque estés conciente de que no son más que una pequeña muestra de su inmensidad.
Ahora, escribir es placentero; por momentos siento que es como si metiera mis pies en las cálidas aguas del Pacífico en el amanecer, cuando las olas son tibias y tersas, y en el fondo una gran esfera roja parece que emerge del fondo de él.
Qué más placer que eso!, mientras en tus orejas un par de auriculares despliegan una música que deconstruye el espacio, que rompe el ritmo, y te convierte en una barca que se arroja a las salvajes aguas sin más destino que el ocaso.
Lo cierto que no hay estimulante más adictivo que la música para desplegar las alas y escalar los cielos, es como un aditivo que impulsa un motor psiconeuronal que comienza a rugir y a dar muestras de que quiere despegar.
Por lo demás, qué puede importar? Mi nombre, mi edad, mi forma física, para qué sirven esos datos sino sólo para confundir, engañar y dar la idea de lo que uno no es.
Dentro, en lo profundo, las palabras son despojadas de su significado y sólo quedan como destellos en la oscuridad que te dan la idea de la profundidad en la que se encuentra nuestra alma.
Aquí-ahora, resbalando por esa espiral espaciotemporal que me lleva a ninguna parte para mostrar que la importancia de la vida no está en el destino sino experimentar el trayecto. (Media worker)
Thursday, January 05, 2006
the virus-media (fuck off...)
De alguna manera, todo el tiempo, uno está saltando niveles de realidad, y siempre también estamos sumergiéndonos
En la arena, en el agua, en el subsuelo, en la tristeza, en la melancolía, en la nostalgia y en el tiempo mismo, uno se sumerge sin saber si existe fondo, forma o circunstancia que te saque a flote (¿Sobre qué saltas, o en qué flotas?)
Desprovisto del traje cuasimoderno urbano que portan los citadinos, el Ser se zambulle en ese espacio-tiempo al que se ha desplazado, y en el que observa, siente y también imagina; un acto perceptivo poco visible.
La sensación de que uno se sumerge en otras dimensiones cuando el cuerpo físico va más allá de su perímetro rutinario, provoca la idea de haber viajado en el tiempo, de ser otro, de haber adquirido un conocimiento oculto entre el silencio de las eternas y oscuras noches, en el aliento del mar golpeando las piedras apoquinadas a la orilla de la afelpada playa nocturna.
Pero, en qué nos sumergimos?, porqué esa sugerencia mental de que te adentras en algo?, que las cosas cambian y la experiencia del tiempo transcurre con un ritmo inusual?
Dejar atrás por algunos días la producción en serie provoca que el Ser recuerde algunas sensaciones trascedentales para las que fue creado. (MediaWorker)
Desprovisto del traje cuasimoderno urbano que portan los citadinos, el Ser se zambulle en ese espacio-tiempo al que se ha desplazado, y en el que observa, siente y también imagina; un acto perceptivo poco visible.
La sensación de que uno se sumerge en otras dimensiones cuando el cuerpo físico va más allá de su perímetro rutinario, provoca la idea de haber viajado en el tiempo, de ser otro, de haber adquirido un conocimiento oculto entre el silencio de las eternas y oscuras noches, en el aliento del mar golpeando las piedras apoquinadas a la orilla de la afelpada playa nocturna.
Pero, en qué nos sumergimos?, porqué esa sugerencia mental de que te adentras en algo?, que las cosas cambian y la experiencia del tiempo transcurre con un ritmo inusual?
Dejar atrás por algunos días la producción en serie provoca que el Ser recuerde algunas sensaciones trascedentales para las que fue creado. (MediaWorker)